Construye un núcleo estable con renta fija de alta calidad y un ETF amplio de acciones globales. Alrededor, añade satélites diminutos con asimetría positiva, como factores de calidad o tendencia. Si fallan, el daño es limitado; si aciertan, su contribución mejora la trayectoria sin comprometer la supervivencia.
Un ETF mundial, uno de bonos gubernamentales y quizá un fondo de oro líquido pueden ofrecer una base sorprendentemente completa. Revisa costos totales, disponibilidad de fracciones y horarios de negociación. Menos piezas simplifican el rebalanceo y reducen errores operativos, especialmente cuando el tiempo y el capital son escasos.
Las correlaciones cambian en crisis. Bonos y acciones pueden caer juntos cuando sube la inflación; el oro no siempre brilla. Prueba escenarios pasados, define expectativas realistas y evita contar dos veces la misma protección. Mejor pocas coberturas creíbles que un aparente mosaico redundante y costoso.